11 mitos sobre el triunfo de Trump

Por María Ramírez y Eduardo Suárez

Donald Trump en la CPAC/Gage Skidmore

Empezamos a cubrir estas elecciones en agosto de 2015. Eduardo fue testigo del primer debate de las primarias republicanas y desde entonces hemos seguido a los candidatos en lugares como Iowa, New Hampshire, Pensilvania, Ohio o Nevada. En enero publicamos este libro sobre el aspirante hispano Marco Rubio y hemos escrito decenas de miles de palabras sobre muchos aspectos de esta carrera presidencial.

A continuación intentamos explicar por qué no son ciertas algunas afirmaciones que hemos visto repetidas muchas veces durante estos últimos días.

1. Nadie vio venir el triunfo de Trump

La carrera estuvo ajustada durante el verano aunque Hillary Clinton fue casi siempre por delante en intención de voto y en preguntas clave como quién está preparado para ser presidente.

Los escándalos de Trump, sus insultos continuos contras las mujeres, los inmigrantes o los periodistas y su falta de conocimiento de los detalles más básicos de las políticas públicas impulsaban la lógica de que un candidato con esas cargas no podría llegar a ser presidente. Pero había datos que alertaban sobre las debilidades de Clinton y que destacaron algunos expertos en campañas. También muchos periodistas que cubrieron la carrera en lugares como Ohio o Pensilvania.

Durante la convención demócrata y en medio del entusiasmo de un espectáculo impecable con los políticos más populares del país, una persona relevante dio la voz de alarma. Durante una reunión del caucus negro en Filadelfia, Cornell Belcher, el encuestador de Obama, hizo una presentación muy persuasiva que explicaba por qué la campaña de Clinton se estaba equivocando al perseguir “el unicornio” del voto obrero blanco y no poner más recursos en movilizar a jóvenes, negros e hispanos.

María estaba allí y unas semanas después entrevistó a Belcher justo cuando las encuestas mostraban que Clinton podía arrasar. El encuestador dijo que la candidata podía perder si no ponía más recursos en los grupos demográficos clave, sobre todo en los jóvenes. Dijo que la campaña de Clinton estaba confiando demasiado en que los republicanos no fueran a votar como indicaban entonces las encuestas y que el electorado de Clinton se estaba pareciendo peligrosamente más al de John Kerry en 2004 que al de Barack Obama en 2012. Merece la pena releer la entrevista porque adelanta lo que sucedió después.

En los últimos diez días de las elecciones, la carrera se ajustó. Sobre todo después de la carta del director del FBI alertando sobre la posibilidad de reabrir la investigación sobre sus emails. La advertencia resultó ser una falsa alarma pero quizá fue el empujón que necesitaban miles de republicanos en estados clave que no se habían atrevido a votar por Trump.

Henry Olsen, un profesor de la Universidad de Villanova en Pensilvania, publicó este artículo unas horas antes de la votación augurando que Clinton ganaría la mayoría de los votos pero perdería la suma del colegio electoral. Sus números son exactos.

Otro que avisó incluso con cierto coste personal fue Nate Silver, el experto en encuestas de FiveThirtyEight. En las últimas horas de la campaña se batió contra los que le criticaban. The Huffington Post escribió este artículo contra él pero no fue el único. Al final la actitud escéptica de Silver se vio refrendada unas horas después.

Una de las mejores explicaciones de la división del país y de por qué los demócratas estaban perdiendo terreno en estados clave la dio Alec MacGillis en esta historia publicada a finales de octubre sobre el abandono del Medio Oeste por parte de los jóvenes más educados.

La complacencia que perciben ahora sobre todo quienes no siguieron la campaña no fue tal. Esta portada del New Yorker publicada en la víspera de las elecciones habla por sí sola.

2. Los periodistas no pisaron la calle y no hablaron con votantes de Trump

Muchas voces nos han acusado a los periodistas de cubrir el ascenso de Trump sin salir de nuestras burbujas urbanas de ciudades como Miami, Los Ángeles o Nueva York. Ese relato quizá sirve para un puñado de columnistas, tertulianos y bustos parlantes pero es injusto para muchos reporteros que han dedicado miles de horas desde 2015 a conversar con los seguidores del candidato republicano en los estados donde ganó.

Nuestro colega de Univision Fernando Peinado ha hecho miles de kilómetros persiguiendo a Trump por decenas de estados y ha escuchado los problemas de quienes hacían cola cada día para entrar en sus mítines. En este artículo de abril contó cómo el candidato hizo un evento en Long Island a unos metros del lugar donde habían asesinado a un hispano en un crimen de odio y en este otro de septiembre subrayó las dudas que suscitaba entre las mujeres de un suburbio de Wisconsin.

Algunos nos han acusado a los periodistas de trazar una caricatura irreal de los seguidores del magnate. Por supuesto hay quien se ha dejado llevar por sus prejuicios y ha transmitido la idea de que son todos racistas sin escrúpulos. Pero muchos reporteros se han aproximado al fenómeno sin prejuicios y han hecho lo posible por ahondar en sus motivos para votar por Trump.

Este artículo de George Packer en el* New Yorker* sobre el declive inexorable de la clase obrera blanca es uno de los más exhaustivos pero no es un ejemplo aislado. Roger Cohen escribió este largo reportaje sobre los habitantes de un pueblo minero de Kentucky en el que una mujer explicaba por qué iba a votar por Trump. “Me encanta Trump”, decía. “Hace las cosas sin pensar demasiado. ¿Que es peligroso? No me importa. Después de todo lo que hemos pasado, me da igual”.

Como explica este artículo de Christopher Ingraham, esos condados mineros de los Apalaches son el lugar donde más ha calado el discurso de Trump y muchos medios han enviado a sus reporteros a describir los problemas de quienes viven allí. Este reportaje de Larissa MacFarquhar en el New Yorker describe en detalle la ansiedad de quienes han vivido del carbón en West Virginia y este otro de Kelefa Sanneh explica los dilemas de uno de los líderes evángelicos al oponerse a un candidato por el que iba a votar la mayoría de sus feligreses en 2016.

No son casos aislados. Miles de reporteros han intentado explicar el atractivo de Trump escuchando a sus seguidores también en lugares acomodados de la costa Este. Alec MacGillis de ProPublica publicó esta joya sobre el declive de Dayton hace unas semanas y Eduardo publicó este artículo en el que detallaba tres conversaciones que le habían convencido de que el candidato republicano podía ganar.

Un joven puertorriqueño, una afroamericana y un republicano conservador explicaban por qué votarían por Trump. Entre líneas citaban el atractivo del empresario de éxito, el enfado con los políticos de siempre, el hartazgo que provocaban los Clinton o la desmovilización de los jóvenes que habían votado por Bernie Sanders y esta vez no iban a ir a votar.

Esas pistas estaban presentes también en este reportaje que publicamos en febrero en El Español. El título era El porqué del ruido y la furia e incluía decenas de conversaciones con votantes de Sanders y Trump en New Hampshire y Iowa. Aquel invierno de descontento fue el principio de lo que vino después. Estas frases del propietario de una empresa de excavadoras explican el triunfo del empresario: “Su punto fuerte es que nadie le puede comprar. Hay que poner patas arriba el sistema y Trump es el único que puede hacerlo. Los políticos de siempre tienen dos caras y están en deuda con sus donantes. Trump no”.

3. Los sondeos se equivocaron más que nunca

Unas horas antes de la votación, Fernando Berlín le preguntó a María en La Cafetera si las encuestas no estarían manipuladas para dar la sensación de que la carrera estaba muy justa y así animar a los votantes de Clinton a salir a votar contra Trump. No era cierto. Pero lo que indica la pregunta es que incluso a miles de kilómetros se había entendido que las encuestas indicaban un resultado muy justo.

La mañana de las elecciones el artículo que abría la página de Univision se titulaba Estados Unidos elige entre dos mundos opuestos en una carrera ajustada y llevaba el mapa de cómo estaba el promedio de sondeos (sin ponderar) dela página Real Clear Politics. Ese mapa que incluimos aquí debajo ya le daba al candidato republicano el triunfo en Florida, Ohio y Carolina del Norte. Incluso en Nevada, donde al final ganó su adversaria por el despertar del voto hispano en algunos condados clave.

Lo que no predijeron las encuestas fueron las victorias de Trump en Pensilvania, Wisconsin y Michigan (en este último estado, por cierto, aún sigue el recuento y todavía puede ganar Clinton). El error más grave ocurrió en Pensilvania, donde las grandes firmas habían elaborado un buen número de sondeos.

En el caso de Wisconsin y Michigan casi no había sondeos porque estos lugares suelen votar por candidatos demócratas. Había pocos y de poca calidad. En las primarias demócratas de Michigan, por ejemplo, los pocos que había auguraban el triunfo de Clinton por unos 20 puntos y al final ganó Sanders por muy poco.

Las encuestas en realidad fueron bastante precisas a la hora de calcular el voto popular. Como recuerda Nate Silver, se acercaron al resultado final más que en 2012, cuando subestimaron el voto de Obama.

4. No se explicó al detalle el impacto de las propuestas de Trump

Quienes dicen esto ignoran cientos de artículos que se publicaron dentro y fuera de Estados Unidos y muchos segmentos que se emitieron en televisión. El reportero Evan Osnos publicó a finales de septiembre este artículo en el explicaba en detalle cómo podía ser el primer mandato de Trump.

El New Yorker fue uno de los medios que mejor cubrieron los problemas que podría originar el carácter de Trump: su ignorancia sobre cómo funciona la Justicia, su autoritarismo y sus mentiras, diseccionadas en esta serie que se publicó unas semanas antes de la jornada electoral.

Pero los medios descifraron también el impacto de sus propuestas. El vídeo de John Oliver que incluimos aquí arriba dejó en evidencia hasta qué punto era absurdo construir un muro en la frontera. La agencia Reuters intentó explicar en este artículo su confuso plan para derogar la reforma sanitaria de Obama. Nuestros colegas Damiá Bonmatí y Antonieta Cádiz detallaron aquí por qué su plan económico era inviable según varias organizaciones independientes.

El impacto de las palabras del candidato en las minorías lo describió en este reportaje de nuestra colega Juliana Jiménez sobre una hispana musulmana de Long Island. También este artículo largo de Eduardo sobre los indocumentados que viven en un pueblo de Ohio y que sufrieron la retórica racista de Trump.

Podríamos añadir muchos más ejemplos de periodistas como Dave Weigel, Ezra Klein o Matt Yglesias. El problema no fue la falta de escrutinio sino que muchos votantes prefirieron probar suerte con el candidato republicano pese a sus defectos. Como explica el gráfico de este tuit, rechazaron lo malo conocido y optaron por lo malo por conocer.

5. Los periodistas se ensañaron con Clinton y no denunciaron a Trump

Algunos demócratas concentraron su ira en la cobertura de los grandes medios de Clinton y Trump y nos acusaron a los periodistas de hacer “falsas equivalencias”.

Los periodistas no podíamos dejar de cubrir los problemas de Clinton igual que no dejábamos de cubrir los problemas de Trump.

Pero los medios entregados a la información y no al activismo distinguieron bien los elementos de Trump que iban mucho más allá de las diferencias ideológicas y que ponían en peligro la democracia y alentaban al racismo y a la violencia.

En las últimas semanas de la campaña, un medio tan cuidadoso como el New York Times tomó decisiones inéditas como publicar la palabra pussy o llamar “mentiroso” a Trump en su portada de papel.

Sus periodistas recopilaron y publicaron en su página web y en su edición impresa la colección de insultos del republicano. También emitieron este vídeo con los comentarios racistas de los seguidores de Trump sin filtrar.

El jefe de Opinión del Times, James Bennet, le dijo a María aquí que su sección debatía mejores maneras de tener impacto con sus editoriales y por eso quiso publicar un editorial sobre el voto hispano en español.

Desde el punto de vista informativo, las grandes exclusivas afectaron a Trump. El Washington Post consiguió la famosa grabación de Trump presumiendo de su acoso a las mujeres y las donaciones falsas de su Fundación. El Times desveló en este artículo que no pagaba impuestos federales. Buzzfeed sacó muchos detalles sobre sus obscenidades y desveló aquí que mentía cuando decía que se había opuesto a la guerra de Irak.

6. Los periodistas se ensañaron con Trump

Algunas voces acusaron a los medios de dejar a un lado la imparcialidad periodística durante la campaña y ser demasiado duros con el candidato republicano. Hay casos aislados de algunos colegas pero la mayoría de los medios han reaccionado ante Trump con la única respuesta válida para un periodista: explicar a los votantes si las palabras de un candidato se ajustan a la verdad.

El fact-checking ha florecido durante la campaña en medios como Univision, el New York Times o el Washington Post. Resúmenes como éste de Politifact demuestran que Trump hizo muchas más afirmaciones falsas que su adversaria. El deber de los periodistas es hacer una cobertura equilibrada y medir a los políticos por el rasero de la verdad. Así fue como actuó la mayoría en unas condiciones difíciles y con un candidato que no dejó de insultarlos hasta el final.

7. Los periodistas se lo pusieron muy fácil a Clinton

En general, la campaña de Clinton recibió menos cobertura que la de Trump. En Univision, por ejemplo, había dos personas dedicadas a tiempo completo al seguimiento del candidato y de sus votantes (Eduardo y Fernando Peinado) y no había ninguna dedicada por entero a la candidata demócrata. Trump era la historia de la campaña para la mayoría de los medios y la falta de cobertura tal vez perjudicó a la candidata demócrata.

El nivel de insultos y escándalos de Trump con sus impuestos, su fundación o su desprecio público y privado a las mujeres era tal que había peores noticias para el republicano, pero también se cubrieron al detalle los puntos débiles de Clinton.

No hay que olvidar que el New York Times fue el medio que descubrió en este artículo que la candidata demócrata había utilizado un servidor privado para parte de su email en lugar del que tenía el Departamento de Estado.

La prensa investigó al detalle los manejos de Bill Clinton para conseguir donantes para su fundación aprovechando la posición de su mujer. Uno de los artículos que tuvo más impacto unas semanas antes de las elecciones fue éste del Washington Post.

Una semana antes de las elecciones el Post publicaba artículos como éste advirtiendo sobre los posibles escándalos de la futura Administración Clinton. Politico tenía un live blog sobre cualquier novedad de los emails de John Podesta, el jefe de campaña, hackeados y filtrados por Wikileaks.

El día antes de las elecciones, Juliana Jimenez publicó este resumen de lo que habían revelado los emails, que trazaba un retrato que podía molestar a los más izquierdistas del partido.

8. Los más pobres encumbraron a Trump

Algunos análisis iniciales destacaron el atractivo de Trump entre los votantes con rentas más bajas pero el sondeo a pie de urna ofrece una historia un poco distinta.

El candidato republicano ganó un 41% de los votos de los ciudadanos que ganan menos de 30,000 dólares al año. Es un porcentaje notable a la luz de los problemas de los republicanos para conectar con ese grupo desde la irrupción de Obama: McCain sacó apenas un 32% y Romney sólo tres puntos más.

Trump no ha hecho sino volver a las cifras de George W. Bush en 2004. Más llamativo es el margen por el que perdieron uno y otro entre los ciudadanos más pobres. Bush perdió por 20 puntos en 2004. Trump perdió por 12 en 2016. La diferencia tiene que ver con el voto a los candidatos menores y con la desconexión de Clinton con la clase obrera blanca que describe el reportero George Packer en este artículo que hemos citado más arriba.

El gráfico que reproducimos aquí arriba refleja el margen por el que ganó cada candidato en cada grupo demográfico desde 1976. El que reproducimos aquí debajo se centra en los márgenes entre los distintos sectores de la población blanca. Las cifras pertenecen al sondeo nacional a pie de urna, que incluye unas 28.000 entrevistas. Las encuestas que se publicaron durante la campaña solían tener algo más de mil.

El gráfico que reproducimos aquí arriba refleja el margen por el que ganó cada candidato en cada grupo demográfico desde 1976. El que reproducimos aquí debajo se centra en los márgenes entre los distintos sectores de la población blanca. Las cifras pertenecen al sondeo nacional a pie de urna, que incluye unas 28.000 entrevistas. Las encuestas que se publicaron durante la campaña solían tener algo más de mil.

9. Trump es un empresario de éxito ‘anti-establishment’

Este mito no ha dejado de explotarlo Trump durante la campaña y es uno de los motivos por los que ha llegado a la Casa Blanca pero no puede ser menos cierto y así lo advirtieron durante meses los periodistas que mejor lo conocen y que empezaron a investigarlo mucho antes de que se lanzara a la carrera presidencial.

Politico reunió en este artículo a los cinco reporteros que mejor conocen al magnate y sus palabras explican muy bien quién es.

Trump no es un hombre hecho a sí mismo sino un tipo que heredó la fortuna de su padre y que construyó un imperio inmobiliario después de endeudarse hasta los dientes, llegar a acuerdos dudosos con la mafia y explotar las ayudas públicas de ciudades como Nueva York. Sus negocios quebraron varias veces y sólo sobrevivió a las quiebras porque sus acreedores pensaron que sus ruinosos casinos o sus hoteles tendrían menos valor sin el nombre de Trump.

Muchos han documentado durante estos meses hasta qué punto Trump es un desastre como gestor y cómo lanzó una línea de hipotecas unos meses antes de la crisis financiera de 2008. Quien quisiera saber qué tipo de empresario era el candidato republicano sólo debía leer esta biografía de Michael Kranish y Marc Fisher o artículos como éste que publicó Eduardo en Univision.

Es una noción que el candidato ha explotado a menudo en sus mítines pero los medios aquí han denunciado muchas veces que no se corresponde a la verdad. Trump cortejó durante décadas a los políticos de Nueva York o Atlantic City para conseguir licencias y ayudas públicas. Hizo donaciones a congresistas y senadores demócratas y llegó a ceder su casa para un acto de recaudación de Hillary Clinton durante la campaña al Senado del año 2000.

Su retórica contra los grupos de presión y contra las puertas giratorias sería creíble si su campaña no estuviera gestionada por personas como Paul Manafort, que ha ejercido como lobista para los regímenes autoritarios de Ucrania, Zimbabue o el Congo belga.

El éxito de la campaña de Sanders le empujó a presentarse como el hombre llamado a limpiar la corrupción de Washington y a decir que se había lanzado a la campaña de forma desinteresada mientras sus empresas facturaban más de un millón de dólares al servicio secreto por los vuelos y por el alojamiento de sus agentes y cobraban a la campaña una cifra fuera de mercado por el alquiler de una de las plantas de la Torre Trump.

Esos y otros detalles los desvelaron los reporteros especializados en la financiación de las campañas. Muchas televisiones se hicieron eco de lo que ocurría pero a muchos votantes no les importó.

10. El país que votó a Obama se ha entregado a Trump

Hillary Clinton ganó más votos que Donald Trump en todo el país. Los resultados completos no los tendremos hasta principios de diciembre cuando acabe el recuento, se diriman posibles disputas y se sume todo el voto por correo.

Pero los últimos datos indican que la candidata demócrata ganó unos 400.000 votos más que el republicano [Nota: al final del recuento, Clinton superó en casi tres millones de votos a Trump]. Aquí se van actualizando los datos cada día. Henry Olsen, el experto de Pensilvania que clavó el resultado, dice que seguirá creciendo la diferencia a favor de Clinton porque faltan votos de California. De hecho, es posible que al final la demócrata consiga casi tantos votos como Obama en 2012.

Trump ganó la suma de los votos del colegio electoral y esa suma es la que hace que alguien sea presidente en EEUU. Lo hizo sobre todo por unos 100.000 votos repartidos entre Wisconsin, Pensilvania y tal vez Michigan (aún no ha terminado el recuento allí).

El colegio electoral favoreció a Trump en este caso. Así ha sido siempre el sistema aunque la divergencia entre el voto popular y los votos del colegio electoral es poco habitual. En tiempos modernos sólo sucedió en 2000 y por menos diferencia de votos entre George W. Bush y Al Gore.

Los intentos de reformar el sistema para que cada persona valga un voto son casi tan viejos como el propio colegio electoral que inventaron Hamilton y Madison. El dilema está explicado en detalle en este artículo de María en Univision.

11. Los americanos están a favor del muro y las deportaciones

El discurso agresivo de Trump contra los mexicanos podría hacer pensar que la mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos comparte sus recetas sobre la inmigración. Pero las cifras de decenas de sondeos indican que eso no es cierto.
La mayoría de los votantes no comparte las recetas más radicales de su campaña. Si las aplica, será contra el criterio de la mayoría de la población.

Un 70% de quienes fueron a votar está a favor de legalizar a millones de indocumentados. Entre ellos, más de la mitad de quienes votaron por Trump. Un 54% está en contra de construir el muro en la frontera. Una iniciativa que costaría al menos 25.000 millones de dólares y que el Congreso controlado por los republicanos deberá aprobar.

Las deportaciones masivas son una medida muy impopular en Estados Unidos. La inmensa mayoría de la población se opone a expulsar a familias que no hayan cometido delitos graves. Según las cifras de los sondeos a pie de urna, sólo un 21% de quienes fueron a votar está a favor de hacerlo. Si tenemos en cuenta la abstención, ese porcentaje supone apenas un 11% de la población con derecho a voto en el país.