Ocho décadas antes de Charlottesville, nazis y esvásticas en Nueva York

Por Eduardo Suárez

Decenas de judíos neoyorquinos protestaban a las puertas del Madison Square Garden el 20 de febrero de 1939. Dentro los retratos de Adolf Hitler y George Washington presidían un escenario decorado con esvásticas y aderezado por los himnos que cantaban con el brazo en alto miles de neoyorquinos de origen alemán.

Aquel evento lo organizó el German American Bund: una asociación filonazi a la que pertenecieron miles de inmigrantes teutones a finales de los años 30. Sus orígenes los recordaba hace unos años una exposición de la New-York Historical Society que examinaba el impacto de la II Guerra Mundial en la vida cotidiana de la ciudad. La muestra se centraba en el papel de la metrópoli como pilar económico y centro de reclutamiento. Pero no soslayaba las actividades de sus habitantes que simpatizaban con las potencias del Eje y con sus ideales antisemitas en una ciudad tan judía como Nueva York.

El German American Bund fue el gran exponente del nazismo en Estados Unidos. Pero no fue la primera asociación similar que se creó en el seno de la comunidad alemana. Fritz Gissibl había fundado en 1924 la Sociedad Libre de Teutonia. Un grupo se extendió por lugares del Medio Oeste como Michigan y Wisconsin.

"Los nombres de estas asociaciones florecieron en lugares con fuerte población alemana. Pero sus ideas eran menos foráneas de lo que parecían a primera vista. El Bund se fundó en Michigan. Un estado donde el Ku Klux Klan tenía un millón de miembros y era una organización muy poderosa", me explicaba el historiador Ryan Shaffer, que ha indagado en los orígenes de los nazis estadounidenses.

El líder del Bund se llamaba Fritz Kuhn (1896-1951) y había ejercido como soldado de infantería en la I Guerra Mundial. Kuhn llegó a Estados Unidos desde México y trabajó como ingeniero químico en una fábrica de la empresa Ford. Pero sus buenas relaciones con el entorno del führer le permitieron abandonar su empleo para dedicarse por entero a la gestión del Bund y a la edición del semanario Weckruf und Beobachter.

Kuhn llegó a fotografiarse con Hitler durante su visita a Berlín en el verano de 1936. Pero no fueron sus simpatías nazis las que terminaron con su carrera sino la prueba de que había sustraído unos 14.000 dólares de la institución para sufragar los gastos de una amante. Al final de la guerra, Washington le retiraría su pasaporte estadounidense y le deportaría a Múnich, donde cumpliría condena por sus actividades de propaganda hasta su fallecimiento en 1951.

"¿Quién iba a pensar que todo terminaría así?", cuentan que le dijo a uno de sus carceleros unos días antes de morir.

Los estatutos del Bund eran inequívocos sobre su ideología. Sus miembros se comprometían a mantener una conducta «digna de su sangre alemana» y asumían la esvástica como «símbolo del reconocimiento del nacionalismo ario». El documento asumía el saludo con el brazo en alto y sólo admitía miembros de raza blanca.

Kuhn llegaría a decir bajo juramento que el Bund había llegado a tener unos 20.000 miembros y que sus simpatizantes habían rondado los 100.000. Unas cifras que consideran exageradas los historiadores, que reconocen en cambio que la organización llegó a tener miembros en 47 estados y dos docenas de campamentos estivales en varias ciudades de la Unión.

Ninguno fue tan popular como el que se celebró durante cuatro veranos a las afueras de Nueva York en la localidad de Yaphank (Long Island). Kuhn lo bautizó como Camp Siegfried en homenaje al héroe de la mitología alemana y enseguida contó con el respaldo de los comerciantes de la zona, encantados de potenciar la economía local.

Allí acudían con el buen tiempo miles de neoyorquinos de origen alemán atraídos por los bailes gratuitos de los viernes y por las jarras de cerveza que servía en el restaurante del recinto un bombero jubilado por tan sólo 10 centavos. En el salón del edificio colgaba un retrato de Hitler y en el jardín había unas flores con la forma de una esvástica.

Miles de familias enrolaban a sus hijos en las ramas infantiles de la entidad atraídos por una estética similar a la de los boy scouts. Muchos no sabían que sus actividades incluían charlas sobre la eugenesia y adoctrinamiento antisemita. Los líderes exhibían a los jóvenes en desfiles con correajes que los habitantes de localidades vecinas como Jamesport y Aquebogue acogieron al principio con naturalidad.

El campamento de Yaphank fue una fuente de financiación para el Gobierno nazi, que recaudó unos 123.000 dólares en bonos alemanes entre quienes lo frecuentaban. Pero sus diplomáticos siempre percibieron a sus líderes como una amenaza. Básicamente por temor a que se reprodujera el brote de violencia que se extendió contra los ciudadanos de origen alemán durante la I Guerra Mundial. Entonces ardieron cientos de libros y ciudades como New Berlin (Ohio) cambiaron de nombre. Algunos ciudadanos perecieron linchados o tuvieron que mudarse a Canadá.

Varios líderes del Bund fueron deportados o investigados por el FBI. Pero la entrada de Estados Unidos en la guerra evitó que se extendiera una ola de violencia similar. "Muchos ciudadanos de origen alemán se enrolaron en el Ejército", explica Shaffer. "Otros optaron por permanecer en silencio aunque estuvieran en contra de la guerra. Las autoridades disolvieron los campamentos con la excusa de que operaban con licencia y sus líderes volvieron a Alemania voluntariamente o a la fuerza".

Foto: Departamento de Defensa de EEUU.

Este texto fue publicado originalmente en el diario 'El Mundo' en diciembre de 2012.

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